La noticia que hoy publicamos no es relevante, el trasfondo sí.
Que un menda se escape de prisión y se entregue al día siguiente debido al frío que sacude los EEUU puede ser motivo de risa, pero lo que subyace tras esta historia da que pensar.
Porque vivir de la sopa boba de Mamá Estado aún estando privado de libertad no es una broma, tanto es así, que la prisionalización engancha más que la droga más dura.
Te levantan a tal hora, te dan de desayunar, te sueltan en el patio junto a los compis o vas a un destino o a estudiar o a un curso o al polideportivo; comes y a la celda, a dormir la siesta con el soniquete de la televisión de fondo; a las cinco de nuevo al patio, si te duele algo vas a enfermería, quizás toque una película en el sociocultural o un partidillo de futbol, un cafetillo y un truja para pasar la tarde y llega la cena; otra vuelta al patio y para arriba, a ver la tele y a dormir.
Esta rutina que se da durante 365 días al año se adhiere al cuerpo y a la mente del recluso como la brea a la piel.
Y a ver quién es el guapo, que tras varios años de cárcel, soporta salir a la calle y dejar la cómoda rutina de Mamá Prisión para enfrentarse de nuevo a los madrugones, a llevar a los nenes al colegio, a los atascos, al curro de 8 a 10 horas, al regreso agotado a casa, a la mujer que necesita dinero para el pago de las facturas del colegio, de la casa, del gas, de la electricidad, de la cuota del buga… y así, día tras día, hasta que añora de nuevo el refugio de Mamá Prisión y del “todo hecho” y vuelve a delinquir, termina en manos del loquero o se cuelga del palo mayor.
La Prisionalización atrapa: es una Droga que no se elimina con Metadona.