¿Es lícito, moralmente hablando, mantener animales salvajes en cautividad reducidos a una mera distracción del público?
Pues parece que para algunas especies animales la cautividad es sinónimo de trastorno de comportamiento y de una agresividad creciente en su relación con los entrenadores de los parques acuáticos donde son recluidas.
En este caso se trata de las orcas de dos centros de atracción acuáticos, uno ubicado en California y el otro en las Islas Canarias, donde dos ejemplares machos atacaron y mataron a sus entrenadores.
La muerte tuvo gran repercusión en los Estados Unidos, no así aquí, donde los diarios locales de Canarias, mantenidos en parte por la publicidad del Parque Acuático de los Loros, silenciaron de manera vergonzosa la noticia.
Lo significativo de estos casos, es que todas las orcas utilizadas en el espectáculo de Canarias provienen de la gran empresa norteamericana de Parques Acuáticos Sea World, que lidera el mercado mundial de orcas en cautividad y en uno de cuyos centros murió la otra entrenadora, es decir, todas las orcas "agresoras" provienen de los mismos centros, que junto al español, pretextan “promover la cautividad de estos animales para la investigación y conservación de estas especies y provocar la concienciación de la preservación del mundo a los visitantes”, cuando la realidad es que entre ambas compañías mueven mas de 100.000.000 de euros al año en concepto de ingresos por espectáculos acuáticos.
Parece que las orcas no atacan en libertad, y que por su tamaño y organización grupal necesitan de grandes espacios marinos para vivir y reproducirse.
No estaría demás, que la Justicia de algunos países se fijaran en estos ejemplos para fomentar las medidas alternativas al del cumplimiento de las penas en prisión para ciertos delitos y detenidos, valga el símil entre los humanos y los animales.