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YO… VUELVE LA NORMALIDAD AL 4, MI EXPERIENCIA (XXXIII)

17/3/2009

YO… VUELVE  LA NORMALIDAD AL 4, MI EXPERIENCIA (XXXIII)

La vida en el 4 discurre ahora de lo más pausada. Patio, comedor, economato, teléfono, celda… Todo transcurre con la monotonía del día a día similar, sin cambios, sin días de fiesta, ni domingos, y mucho menos vacaciones, ya que supuestamente disfrutamos de unas vacances perennes. Esa monotonía nos carcome, nos aniquila como seres humanos mientras mamá Estado nos mantiene, dos da la teta e instruye para reconvertirnos de nuevo al rebaño de sus orgullosos hijos, de esos de mostrar al mundo como paradigma de sociedad ejemplar, y no los lumpen en que nos habíamos convertido.

Una mañana, una como otra cualquiera, Roberto, el petiso argentino, me invita a que pase por su Economato, el del módulo 3. Aunque atiende desde hace un par de años dicho Economato, el sigue viviendo en el 4, como un señor y sin complicaciones.

Bajo esa tarde y le pregunto al funcionario si me permite acercarme a Enfermería; no sé qué pretexto le doy, quizás que me duele un juanete, o que me ha salido un flemón, el caso es que se enrolla y me permite salir.

Salgo del módulo a sabiendas de que voy a echar la tarde dando vueltas, de Economato en Economato, tomando un café en cada unos de ellos y participando en las tertulias que forman unos pocos afortunados que suelen moverse con soltura por todo el centro. Mi primera parada por orden inverso al módulo donde me encuentro es el del 3. Llego hasta la puerta trasera y golpeo. El petiso asoma su cabezón y me franquea la entrada:

-Pasá, pasá, rápido- dice mientras gira su gruesa testa buscando moros en la costa.