Aunque la mayoría de los ciudadanos no de crédito a estos hechos, la violación y el abuso de hijos menores a manos de su padre, con la anuencia -por miedo, ignorancia u algún otro factor que no alcanzamos a entender- de la madre, es un delito relativamente común.
Solo hay que darse una vuelta por nuestras prisiones y sumergirse en los expedientes de algunos de los internos ahí residentes, para percatarse que, casos de este tipo, donde el padre ejecuta (el abuso a sus propios hijos menores) mientras la madre mira hacia otro lado, se dan más a menudo de lo que la gente pueda pensar.
Y el problema radica en que estos personajes cumplen y salen en libertad con las mismas necesidades desviadas con las que entraron, en lugar de pasar parte de la condena en centros psiquiátricos habilitados a tal efecto.
De todas maneras, estas enfermedades tienen difícil curación, y del síndrome de esas madres, otro tanto de lo mismo.