Sí, porque hasta ahora solo ocurría en los Estados Unidos, como el caso de un anciano que al ser interceptado por unos policías y con las manos ya en alto, le dispararon una descarga de 50.000 voltios como si nada, con los posibles efectos secundarios que pueden darse en una persona de esa edad.
Y el problema radica en que a España llegan las bestiales costumbres policíacas de los Estados Unidos y, como es habitual, todo lo malo que llega de los Estates se pega.
Comenzarán proporcionando estas pistolas eléctricas a la Policía de Cataluña, y si fríen con ellas a un número interesante de posibles “delincuentes”, las repartirán por el resto de España a ver si ganamos a los policías gringos en número de ciudadanos electrificados, y sin silla eléctrica.