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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (175)

22/3/2010

Cuando Elisabeth María regresa esa tarde-noche de enfermería, una sorpresa le espera en el módulo. La Patri ha regresado. Un corro de gitanas, mercheras, quincalleras, yonkies y demás líneas sociales afines a la Patri la rodean con gran algarabía. Ésta, situada en el centro geográfico del patio, está henchida de satisfacción de verse arropada por parte de su antigua corte de machacas, chupopteras, rémoras y enganchadas.

Cuando la colombiana se acerca al corro y pregunta con algo de curiosidad y pocas ganas,

-¿qué es la vaina?, ¿de qué va todo esto?,

y recibe por respuesta,

-nada, tronca, que la Patri ha llegado de cunda. ¡Qué de a buten!,

se le viene el mundo a los pies, qué digo, a la suela del zapato. A los pies ya se le vino en el vis con la violación consentida del Filetes y su negativa a hacerse cargo del pelaito que viene de camino. 

Salió de la celda de comunicaciones con los ánimos desechos, el cuerpo deshilachado y su orgullo mancillado. De ahí pasó a enfermería donde la auscultaron, revisaron y medicaron. Y ahora llega a su reducto de paz y se encuentra con que el enemigo ha regresado a casa y, de seguro, dispuesto a dar batalla; solo su apariencia y maneras emanan agresividad, intención de ser restituida en su liderazgo de antaño, en volver a ser la reinona del lugar. Elisabeth María se retira a su mesa arrastrando los pies. Pero antes de llegar al portón de acceso a la sala, escucha a sus espaldas:

-Sssshhhhhh, eh, sudaca, qui pasa, ¿no vas a miarme la cara, ni saludá a la Patri, eh?