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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (176)

23/3/2010

Se gira. El círculo se ha desgajado, formando un semicírculo, en mitad del cuál se encuentra esa diosa gitana, de porte tremendo, figura cargada de grasas y ademanes de sátrapa consumada. No obstante, y aunque se siente intimidada, la colombiana no se mueve, solo la mira y responde:

-Quí hubo, Patri, usted otra vez por acá. Bienvenida.

No tiene ánimos para entrar en largas disquisiciones ni cortas discusiones.

-Disculpe que no la haya saludado, pero me encuentro maluca –vuelve a aclarar.

-Tranqui, tronca, qui de aquí la menda no se mueve por ahora. Ya nos veremos, ya –le suelta la gitana de nuevo, esgrimiendo una sonrisa cínica.

Ambas se vuelven. Una de camino a la cena, la otra cierra de nuevo su caparazón circular de adláteres y sigue contándoles batallitas de las que aquí tanto se gozan.

Cuando después de la cena llega al chabolo, la colombiana se ducha. Se lava, restrega con jabón taleguero el cuerpo de manera impetuosa, como el que desea desprenderse de las tiras de piel achicharradas al sol. No por ello siente la nauseas propias de la violada, de la que desea eliminar de su piel los vestigios del estupro, no. Pero si denota cierto rechazo al forzamiento consentido del Filetes, rechazo hacia él, y en especial, hacia ella misma, por no haber reaccionado repudiándolo, denunciando la acción…, rechazo para con su debilidad y deseos. Nunca pensó que pudiera ser violentada y gozar en el intento. A pesar de su escasa preparación, tanto intelectual como social, percibe que el mundo de los sentimientos y de la razón son estados ignorados por uno mismo. Uno cree conocerse, entender el por qué de su razonamiento, de sus reacciones, y de repente, ante una situación concreta, responde de una manera contradictoria, quizás opuesta a sus principios vitales.