-Psss, psss, Dolores, hágame un favorcito, ande. Me llama a la Patri y le dice que si se puede acercar –suelta a través del marco de la ventanuca la colombiana.
-Vale, tía, ahora la busco –responde la Dolores, que sin muchos ánimos pero interesada en ganarse los favores de las del economato, sale en busca de la calé.
Al rato regresa con cara de hastío.
-Que dice la Patri, que si quieres verla que te vengas para donde está ella.
-Dígale, que hablo con la funcionaria para que la deje venir al economato. Qué la invito a un café. Es que no puedo salir porque estamos con la cuentas –vuelve a insistir la colombiana tratando de atraer a la gitana a su campo, por lo que pueda ocurrir.
-Oye, tronca, que no soy correo de naiden. Así que voy, pero esta es la última pateada que me pego –dice a media voz la Dolores mientras sale en busca de la romaní.
Transcurren unos minutos. De repente la Patri, seguida de dos machacas, se acerca al economato.
-A ver, sudaca, ¿qué cojones quieres aquí de la menda?
-Nada, Patri, que quiero hablar con usted, las dos solitas mientras nos tomamos un cafetico, aquí, dentro del economato. Yo hablo con la funcionaria para que la deje salir del módulo.
La Patri mira a sus machacas con expresión interrogativa. Después dirige su vista al hueco en la pared.
-Da buten, sudaca, pero tú garlas con las jichas –y se dirige hacia la salida del módulo, indicando a las machacas con la mano que la dejen sola.