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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (220)

26/5/2010

En cuanto al lado sentimental, el contacto de esos días con las familias, ya sea vía comunicación, vía correspondencia o telefónica, es tirante, doliente, tierno y un sinfín de sinónimos contrapuestos. Igual se observa a algunas internas llorarle al auricular del aparato de teléfono, que gritar y aporrear de manera desesperada el cristal tremebundo que las separa, durante las visitas, de sus seres queridos. Los sentimientos brotan por los capilares, se deslizan por venas y arterias, para reventar explosivos a flor de piel. Es una época dura y sufriente, y algunos pierden el norte, el sur y todos los puntos cardinales chinándose las venas, colgando su cuerpo de una sábana o mezclando todo tipo de artificios narcóticos para elevarse a alturas desde donde no perciban su sufrimiento en la tierra, en el cubo que es el patio. Y digo algunos y no algunas, dado que las internas plantan con más énfasis los pies en la tierra y se niegan a abandonarla de manera tan sencilla; no dejan a sus seres queridos faltos de una hija, madre o esposa.

Pasadas las fiestas, pasadas dos semanas de la celebración de Reyes, a Elisabeth María le es comunicada el alta y su inmediato traslado al centro penitenciario. Fernando, su abogado, se persona con antelación para cerciorarse que se cumple el protocolo ajustado a la situación. Ha de ser trasladada en ambulancia y no en el canguro habitual de las conducciones, como convaleciente que aún es. La escolta policial no se aparta de su vera, siendo esposada a pesar de su estado.

Su llegada al centro se espera con truculento interés. Todos los módulos están al loro de su arribo. Esa red de información que nadie controla pero todos escuchan, ha puesto en estado de alerta a los 1.800 internos e internas del lugar. La administración del centro mantiene la guardia alta, por si algún desquiciado, aún a estas alturas, piensa en tomarse la justicia por su mano en recuerdo de la gitana mayor. Sin embargo, las aguas han vuelto a su cauce y las diferentes etnias y grupos han llegado a un acuerdo de no agresión mientras todo fluya de manera sosegada; nadie desea la guerra después de vivir en carne propia semanas de estado de sitio.