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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (225)

2/6/2010

Sale a diario al módulo sociocultural, lugar donde se ubica la biblioteca. Ahí, junto a otra compi y un compañero, organizan los libros, los clasifican y reciben los pedidos de los diferentes módulos, pedidos que reparten a diario con la diversa prensa que llega al centro. Tres diferentes periódicos para cada módulo, periódicos que antes pasarán por las manos de los funcionarios de cada lugar, para después ser leído por los pocos internos que con fortuna acceden a ellos. 

Entre los tres abarcan todos los módulos del centro, repartiéndose las entregas en los mismos dependiendo del día y de las necesidades, de los cursos y de los tiempos de cada bibliotecario. Así es como a la colombiana le toca un martes el reparto de prensa y libros en el módulo 13 de chicas, y en el 6 y 8 de los niños. 

En el 8, y después de entregar los periódicos al funcionario, pide permiso para llamar a los diferentes internos que solicitaron libros. Así, uno tras otro pasan por la cancela de entrada, donde Elisabeth María les entrega el material y les hace firmar un recibo. Pocos le dirigen la palabra; la saludan y basta. Su nombre y nueva reputación ya es conocida por toda la prisión. Algunos, más espabilados, le sueltan algún comentario jocoso, a lo que ella responde con un mutismo demoledor y una mirada perforadora; todos callan y evitan entrar en más disquisiciones.

-A ver, Raimundo Ortega, a recoger su libro –levanta la voz al último rezagado que no aparece.

De detrás de una columna se perfila su silueta. De manera contoneante y provocativa se acerca a la colombiana. Cuando frena su caminaó frente a ella, eleva la mirada y le sonríe.

-Encanto, me llamo July. Raimundo se quedó en el olvido. Pero cuéntame, ¿cómo te ha ido?, ¿te has recuperado ya? No sabes cómo he sufrido contigo, por ti. Primero con tu embarazo –yo también quiero ser mamá y la naturaleza no me ha ayudado-, después con la agresión que esas perras cometieron y ahora, me cuentan, que has perdido la sonrisa, las ganas de vivir. No sabes la pena que me das y lo identificada que me siento con tu situación –termina de susurrarle el travelo.