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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (236)

17/6/2010

-Cardozo, acompáñame a la administración; el subdirector de seguridad quiere hablar contigo –y con estas palabras se gira y se dirige, seguida por la suramericana, a la entrada del centro, lugar donde se encuentra la administración.

Llegan a un despacho, en el cual se introduce la jicha después de golpear la puerta de manera ligera. Elisabeth María oye un murmullo de voces; no se encuentra cómoda, y aunque nada teme, ya que sus informantes no han detectado que recaiga ninguna sospecha sobre su persona, el que la haya llamado uno de los susum corda del centro no le agrada.

- Pasa, Cardozo, pasa –le insta la funcionaria mientras se aparta a su paso para desaparecer una vez ha penetrado la colombiana en el pequeño cubículo.

Vaya cagada de pieza tiene este jefe, piensa, mientras observa el lugar. Mucho subdirector de seguridad y mucha vaina, pero este cucho de sitio… 

Una pequeña mesa de despacho, un cuadro cutre, una librería de contrachapado, una butaca y dos sillas, componen el mobiliario de la reducida instancia. Ah, y una gran foto de una familia aparentemente feliz –con el padre de familia que no es otro que el mismo jefazo de prisiones, junto una señora peripuesta y dos niños con cara de golfos repeinados-, adorna la mesa y ocupa gran parte de su superficie.

-Siéntate, siéntate por favor, Elisabeth María  -le conmina a tomar asiento desde el otro lado de la mesa.

De apariencia afable, no destaca ni por su físico ni por sus maneras, pasando fácilmente desapercibido entre un grupo de gente. Se trata del arquetípico funcionario del Estado, sin más.

-Bueno, vamos a ver cómo te transmito esto sin que parezca lo que no es. En fin, que de un tiempo para acá hemos detectado movimientos extraños entre los módulos. Normalmente esto suele ocurrir en los módulos de hombres, por lo que nos es más sencillo atajar el problema desde su raíz. Pero en esta ocasión, la circulación de mercancías prohibidas, es decir, drogas, también alcanza a los módulos de mujeres, y eso, para nosotros, incrementa el problema. Por eso te he llamado –corta de repente.