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DE LAS PAREJAS Y SUS RELACIONES EN PRISIÓN (256)

15/7/2010

Pero Ambrosio no es un violador común, ni mucho menos. Es uno de esos de historia de terror y ante el cual toda mujer perdería la razón. Rondando la treintena, de excelente presencia y coeficiente intelectual de romper calibradores, lleva en su haber media docena de mujeres violadas post mortem, después de ser estranguladas, mutiladas a mordiscos y, antes de enterrarlas, perforar todos sus orificios, primero con su vergón de longitud de periscopio submarino, para después penetrarlos con estacas que dejaba introducidas a modo de piercings de vanguardia. Por ello lo llaman: el Violamuertas. 

Cuando algún despistado le ha hecho frente por cualquiera de esas eventualidades diarias de patio, su estatura, y en especial, su mandíbula saliente y dentada en forma de fauce de piraña amazónica y sus ojos dementes, han hecho desistir al más pintado de entrar en conflicto con él. A todo el centro llegó la información sobre su reacción caníbal con su segunda víctima, a la cual arrancó ambos pechos, después de estrangularla, de dos certeras dentelladas, escupiéndolos posteriormente mientras depositaba con esmero de monaguillo el cadáver sobre la tierra. Ese es el Ambrosio.

Y el cabrón del Sebas aprovecha esa protección que recibe del kie a cambio de servicios domesticos varios, entre los cuales se encuentra alguna felación semanal –Ambrosio lleva quince años a la sombra y sin vis a vis a la vista-, para reehuir el pago de las papelas pendientes. No obstante, si bien el economatero no es capaz de meter en cintura al machaca, el Filetes, y desde su módulo, urde una trama para aplicar un correctivo al Sebas, sentar un precedente en el centro y cobrar de paso la deuda. También es verdad, que la colombiana ha instigado al Filetes a cobrar a como de lugar dicha deuda, no vayan a desmadrarse los demás clientes ante la laxitud mostrada por una de las ramificaciones del tinglado, la del economatero del 7.