-Tranqui, que si te mola te digo don Ciriaco y asunto acabao. Bueno, aparte del parné que ahora te voy a dar, hay un asuntillo que tenemos que arreglar. Hay un menda en el 7, el Sebas, que me está toreando con un temita, bueno, que me está jodiendo. Y como el cacho cabrón del Ambrosio lo proteje, no hay maneras de sobarle los hocicos. Quería ver si tú, que eres gran jefe en este centro, me lo pasas al 6 o le das el piro al Ambrosio a tomar por…
-Eh, cabrón, para el carro, paraaaa. Tú qué te has creído, qué soy tu mamá. Yo te saco el dinero del centro, te lo envío a tomar por culo y listo. Y eso tiene un precio: tú pagas y yo no pregunto. Además, niñato, ya me bajaste la comisión y eso me toca los cojones. Así, que si quieres un servicio extra, ya que soy jefe de servicios…, te has coscao del chistecillo, ¿verdad? –el Ciriaco ríe su propia gracia mientras hace un ademán con la mano en señal de, ¿comprendes? –pues eso lo pagas aparte y veremos si puedo hacer algo.
-Joder, con el Ciriaco, perdón, con el don Ciriaco, con la pasta gansa que te doy a ganar ya te podías enrollar –contesta el Filetes algo cabreado.
-Ni pasta gansa ni hostias. O pagas o nasti de plasti, ¿te has pispao, niño?
El Filetes permanece callado. Sorbe el café mientras mira de reojo al economatero. Sigue atendiendo al personal, agobiado sin el compi que han mandado a paseo. No se ha coscao de nada, piensa para si. Este hijo de la gran puta del Ciriaco no nos da nada por la cara. Y si hay que apoquinar, se lo tengo que decir a la jefe; buena es esa para soltar los cuartos.
-Pues mira lo que puedes hacer y me dices lo que cuesta. Y yo me lo pensaré. Toma –dice el Filetes, que mirando izquierda-derecha, extrae un grueso sobre que entrega al funcionario.
-Te aviso en estos días –y diciendo esto, introduce el sobre con dificultad en un bolsillo, termina su café de un sorbo y sale escopetado del economato. El Filetes ve como se aleja, mientras hace un guiño al economatero, que al ruido metálico de la puerta, se voltea hacia él.