Vaya noche me ha dado el cabrón del Edu. A mitad de madrugada me despierto oyendo aullar. Joder, qué yuyu. Pensaba que se trataba de alguna película del hombre lobo o algo parecido. Era el Edu, que empezó a resoplar para terminar tirado en el suelo berreando de dolor como un desesperado.
Entre sollozos me comenta que es propenso a los cólicos nefristicos o como coño se llamen, o sea, las putas piedras de riñón. Que en los últimos tiempos no le daban ya que se engullía varios litros de líquido al día. Pero con los calores del verano y los sudores brutales, pues que nada, que le ha venido. Todo esto me lo comenta como si de un telegrama se tratara, porque el tío no es capaz de levantarse, ovillado como se encuentra en el suelo; parece un puto feto. Le paso una botella de agua para que beba, a ver si se le pasa. Nada.
Le doy al botón del interfono, pero no furula; ya lo sabíamos. Mucha macrocárcel, pistitas de tenis y piscina, pero después no funciona nada. La depuradora de agua que costó de a millón, nunca se llegó a estrenar. Y al construir el túnel de entrada a la torre de vigilancia, se les perdió por el camino la tela asfáltica, por lo que eso parece una entrada a las mazmorras. Eso nos lo conto un día don José María, uno de esos días de relajo donde el jincho soltaba un pestazo a ginebra que te cagas. Claro, como estas obras se adjudicaron a dedo a una de esas constructoras cuyo presidente alardea de equipo de futbol…
Bueno, el caso es que como el intercomunicador de los cojones no funciona, comienzo a picar la puerta. Nadie responde. Continúo picando, y algunos de otros chabolos hacen lo mismo.
Así durante media hora, tiempo en el que el Edu, a punta de empaparse las tripas de agua, comienza a relajarse. Como nadie aparece y los compis se quedan pegados a los portones roncando, mi compañero me comenta que pare, que él resiste así hasta la mañana. Que lo fuerte ya ha pasado… por el momento.
Esta mañana lo envían a enfermería. Le dan unos Nolotiles, y auuu.