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DIARIO DE UN PREVENTIVO

8/9/2011

Jueves, 8 de septiembre

Hoy nos enteramos por Pichín, el pipa oficial del módulo, de la vida y milagros del Artemio, el menda que ha llegado del chopano hace unos días. Desde que está aquí, en un chabolo solo, pasa del personal, va a su rollo y no parlamenta con nadie. Se le nota huraño y cabizbajo, solitario donde los haya, por lo que nadie se le acerca, acojona.

Entró por vez primera allá por los setenta siendo apenas un chiquillo. Pero algunos aún recordarán como se las gastaban por aquellas épocas, por lo que un hurto inicial de nada se fue convirtiendo con el pasar de los tiempos en una cadena de entradas y salidas. Y del chiquillo travieso y reboleras de un comienzo, la prisión, la calle y la costumbre lo convirtieron en un delincuente en toda regla. De los hurtos de poca monta pasó a robos de mayor envergadura para finalizar con los atracos a agencias bancarias, tan a la orden del día por esos ochenta y comienzos de los noventa. 

Formó su propia banda y, además de limpiar las arcas de las agencias urbanas, logró eludir a la madera durante años, acumulando un saldo positivo de golpes y pasta considerables. Pero como lo chachi dura poco, el vicio lo pilló por banda y todo lo que ingresaba, salía al tiempo en gasto de lumis, jaco y con posterioridad, en bazuko.

Cuando por fin lo detuvieron, en una redada y después de un soplo traidor, en el piso de la Rosa de la calle de la Ballesta, entró para no volver a salir… hasta ahora. Le comenzaron a bajar causas como para tapizar la catedral de Burgos, y él, ya por esa etapa de su vida, rebelde y antisistema –antes de que este colectivo ni siquiera hubiera sido parido-, se erigió como kie de la galería 3ª de Carabanchel. No duró mucho como tal. No solo tenía movidas continuas con los tolai de la galería, sino también con los carceleros, a los que en lugar de lamerles el culo, los ponía a parir. De ahí a entrar y salir de aislamiento –como en su juventud con sus entradas y salidas en prisión-, fue cuestión de tiempo, hasta alargar sus estancias en el chopano, para después permanecer en él sin visos de salida.