Esta mañana, antes de la hora del piriy cuando todos han regresado de sus destinos y nos encontramos a punto de dar el papeo, aparecen dosjefes de servicio y cuatro funcionarios. Nos colocan en filas a lo largo del patio para realizar un recuento en toda regla. Sin embargo, los cuatro etarras se apartan del resto y se agrupan en la esquina. Uno de los jefes de servicio los llama al orden.
-Ustedes, colóquense de inmediato en la fila con sus compañeros.
Bartolomé Barandilla, el etarra navarro y enfermo, el que apenas sobrevive con la enfermedad del Crohn a cuestas, por el que se han organizado varios fines de semana caceroladas en el exterior de la prisión por parte de sus familiares y simpatizantes, ese que se asemeja a un anciano y que ha perdido la mitad del peso habitual de su cuerpo, se endereza y con voz firme responde:
-Nosotros no obedecemos órdenes de un funcionario del opresivo Estado Español, que no el nuestro. Nos negamos a que nos realicen el recuento en base a un sistema militar.
La jeta del jefe de servicios, el que toma la iniciativa, comienza a adquirir un tono de vino de Valdepeñas.
-Les he dicho que se coloquen con los demás en la fila, o se van a buscar un problema –exige viendo menoscabada su autoridad frente al resto de los internos y sus propios compañeros.
Por única respuesta reciben un:
-Nos negamos.
El jincho mayor mira a sus compañeros y ordena con la cabeza.
Y con esta orden, llaman por walkie para que acudan los refuerzos con el fin de llevar a los etarras al chopano, mientras al resto nos recuentan como ovejos. Nadie rechista, ni ríe abiertamente, no vayan a meternos en el paquete. Al rato aparecen cuatro funcionarios que escoltan a los tres vascos y al navarro fuera del módulo.