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DIARIO DE UN PREVENTIVO

30/9/2011

Viernes, 30 de septiembre

He dormido de puta madre, aunque estuve un rato en vilo pensando en la tarde de ayer; después me hice una manola recordando y caí sopa.

Pensaba, tumbado en la cama y mirando al techo sin mirar, en lo ocurrido. De cómo después de entrar en el socio y preguntar por Luis, la funcionaria me dejaba pasar a la biblio. El tal Luis, un tío enrollaó y liante –tiene a la jincha encantada con su zalamería- me abrió las puertas a la locura.

Al rato apareció la gente de los módulos, primero el de enfermería, después el de las chicas. La funcionaria salió a recibir a sus compañeros y a partir de ese momento no nos prestó más atención. Luis y yo nos apostamos en la puerta de la biblioteca viendo pasar el ganaó, hasta que apareció Paula. Me vio y guiño el ojo con disimulo.

Un nudo cerrado me estragó el estómago; un sudor frío se apoderó de mi cuerpo. Me tuve que apoyar en el quicio de la puerta para no perder el equilibrio. La tensión del miedo unida a la del calentón que sentía entre el bajo vientre y mis partes, me provocaron un bloqueo.

Luis me sacó del empane dándome palique; estábamos al acecho. Y el momento llego a los veinte minutos, cuando se abrió una puerta lateral y ella apareció en dirección al tigre. No miró, pero sabía que la observaba. Luis me empujo, y fui a pedir permiso a la funcionaria que garlaba con los otros. Me hizo un ademán de ok sin pisparse de nada.

Entré. Empuje una de las puertas, nada. Hice lo propio con la otra. Me encontré a Paula, con la cremallera de los pantalones abierta y estos algo bajos. De entre los dientes de dicha cremallera surgía un matojo negro. Me apreté a ella, comiéndonos los morros con desquicio, mientras mi mano agarraba una de sus tetas surgidas del escote. Sabíamos que no contábamos con tiempo. La giré sobre si misma, apoyó sus manos en los azulejos, baje del todo su pantalón, y le clavé mi rabo hasta sus fondos. Gemimos, lo justo, mientras le comía la oreja y descargaba meses de abstinencia. Ella, sintiéndose inundada, hizo lo propio, empapando el bajo de mi camisa. Nos vestimos rápido. Paula salió después de besarme. Yo al minuto.