No he pegado ojo durante la noche. No sé si estoy de la olla o hago lo correcto. Creo que se me ha ido la pinza. Porque jugarte un parte por ver dos minutos a una tía que ni siquiera conoces…
Pero he tardado tanto en tomar la decisión, mi mujer y mi abogado me han hecho tal daño, y mis deseos de cariño y carne después de seis meses, casi siete, son tan acuciantes, que me he lanzado a la piscina con un palmo de agua; espero que no me de una hostia.
Como decía, no he pegado ojo y para más inri, me he cascado un pajón de aquí te espero imaginando a la Paula, en el tigre del sociocultural, con los pantalones bajados y el culo en pompa. Joder, joder, es que me corrí casi sin tocármela. El problema de coco vino después, cuando una vez relajado y sin deseos carnales comencé a pensar en Patricia, en nuestra época pasada, nuestro amor, mi hijo… Me derrumbé, mientras alguna lagrimilla se escurría por mi mejilla.
Hoy, a pesar del cansancio, comienzo a organizar todo. Durante el desayuno hablo con Jesús para constatar que el plan está en marcha y nadie va a fallar. Me confirma que su compi de biblioteca, ese Luis, está sobre aviso.
Después hablo con el economatero, que me comenta, que el del economato central entregó ayer tarde la nota a Paula.
Al bajar de la siesta y tal como planeamos, me dirijo a la pecera y pido permiso para ir a enfermería por un dolor tremendo de cabeza. Pongo cara de ternero degollado; me abren la cancela y salgo, solo.
La enfermería y el sociocultural se encuentran cerca uno del otro, así que enfilo mis pasos en esa dirección. Cuando por fin llego a la intersección entre ambos, me desvío al sociocultural, tranquilo, aparentemente, sin dar señales de nerviosismo.
Llego y entro. Aún no han llegado los dos módulos que asistirán a la proyección. Me dirijo a la funcionaria que está en la cabina.
-Vengo a ver a Luis de la biblioteca. Me ha dicho que me acerque -digo escueto, temeroso.