La actividad de esta mañana en el patio, en la garita, en los locutorios, bueno, en el talego, me vuelve a dar vida .
Siento si alguien se ofendió con lo que escribí ayer, pero las fiestas en estas casas son mortales. Además, me entró un ataque de cuernos que te cagas, y todo me valía una mierda. Si por lo menos apareciera de cuando en cuando mi abogado, diera la cara como la da la zorra de mi mujer, que los tiene bien puestos, bueno, lo llevaría mejor. Bien, no, he dicho mejor, aunque estaría igualmente jodido.
Sorpresa. Se me había ido la pinza y había olvidado lo del curso, cuando me llaman de la garita para educador. Cuando oigo la palabra educador, el temita regresa a mi mente y salgo follado a la oficinilla.
Toca esperar.
Al rato sale y me busca con la mirada.
-A ver, Guerrero, pasa un momento –ordena sin derecho al pataleo de ninguno de los de la cola, por lo que no me deja sentarme.
-Estás apuntado al curso. No me dejes mal y no me pidas nada hasta el año que viene. Ahora lárgate –y me abre la puerta mientras me empuja de manera suave al exterior.
-El siguiente.
Apenas puedo darle las gracias. Todo ha sido tan rápido, que no he reaccionado hasta encontrarme de nuevo en el patio y darme un golpe de satisfacción en el pecho. Alcanzo al Panamá y a los gallegos y les suelto de cuajo.
-Joder, tíos, me han metido en el curso de informática. Y la Paula, la suramericana del 13, también. ¡Tíos, voy a mojar!
Los otros se descojonan, aunque de inmediato les pido que no larguen nada a la peña, que después se enteran los jinchos y me joden el plan. Me responden que tranqui, que no me preocupe. Son serios, por lo que no creo que larguen.
De golpe y porrazo me he ventilado la mala leche de ayer. Me he liberado, temporalmente.