Anoche dormí bien. Se ve que el ejercicio físico me ha relajado. La verdad, el polideportivo cuenta con todas las maquinitas diabólicas, cancha de fútbol-sala, squash, básquet, volei, mesa de ping-pong, sala de pesas…, de todo. Ayer nos dimos un garbeo y nos distrajimos.
Observo que el papeo se repite todas las semanas. Lunes, garibolos y ensalada, martes, paella, miércoles, judías con arroz, y así, de vuelta la semana que viene, y la siguiente y la de más allá. La jodienda de la paella de hoy es que trae las cáscaras de las chirlas partidas y te las clavas en las encías. Por lo demás, la comida no es mala. Como el rancho del ejército. Pido un par de frutas de postre y me las dan. Los del office se han pispaó de con quién comparto mesa y patio.
Esta tarde ingresa un menda de lo más extraño. Entra y se refugia en una esquina del patio. Dos pipas se aceran a él. Averiguan que viene rebotado de otros tres módulos; eso, aquí, significa que el pinta es problemático y que ha tenido movidas en los otros patios. No consiguen, sin embargo, sonsacarle el delito por el que se encuentra. Bach les hace un gesto para que lo dejen; eso se sabe rápido, dice.
El tío tiene una extraña chepa coronada por un cabezón desproporcionado. Y el cuerpo, cubierto de cicatrices. Pregunto a uno del patio por los cortes y me contesta, que se china.
-¿Y eso qué significa? –vuelvo a inquirir.
-Pues nada, tronco, que se china, que se corta pá que le hagan caso. Con una lata, o una cuchilla, o cualquier otra mierda.
Bueno, pillo la copla, aunque no me queda claro el tema. Imagino que con el tiempo me enteraré.
Forman dos equipos de futbolito y aprovechando el buen tiempo, se echan una partidilla en el patio. Me invitan a jugar. Me apunto, aunque el suelo de hormigón y tanto joven con ganas, no sé. Al final, me llevo un codazo y una patada en la espinilla. Y poco ha faltado para que la mitad de la peña salga a hostias, pero los jinchos han hecho su aparición en el momento adecuado. Alguno habló de más.