O sea, que por lo que me dijo la pájara ayer, a finales de este mes voy a declarar ante el juez que instruye mi caso. Y yo sin tenerlo aún claro. No tengo ni pajolera idea si deseo declarar, si me conviene hacerlo, si he de decir la verdad y nada más que la verdad o solo parte de ella, en fin, que el cachondo de mi abogado ha organizado todo sin contar conmigo… hombre, para liarse con mi parienta tampoco me lo consultó, aunque visto lo visto, no creo que hubiera dado mi conformidad.
Bueno, el caso es que si declaro y me inculpo, tal y como me lo llevan indicando mis letrados, la sala lo tendrá en cuenta y podría suavizar la condena que me vayan a aplicar. Por otro lado, también me han dicho, que si echo pá lante a mis proveedores de lo que te cuen, podría llegar a un acuerdo con la fiscalía y rebajarme la pena en algunos años, además de no celebrarse el juicio como tal, sino un acuerdo firmado y au.
Pero esta última opción no me mola ni esto, porque si bien voy a cumplir menos años, tendría a Héctor, el colombiano, y a su banda, detrás de mí y mi familia. Además, en estas casas se enteran de todo, y uno de los peores motes que puedes cargar es el de chivata, y yo no me lo considero ni me mola.
Esta tarde, después de bajar alpatio y cuando me encuentro girando en redondo con el Panamá y otros compis, se nos acerca el Edu.
-Joder, tíos, me llevan a otro módulo por lo de la puta china. Y eso que me querían meter en el chopano, aunque al fin solo me cambian. Pues nada, Javier, te dejo solo en el chabolo, y a vosotros, compis, que nada, que ya nos veremos y que moló conoceros. Anda, Javi, sube conmigo y me ayudas con el petate; ya he pedido permiso a los funcionatas.
Y con estas palabras subo con mi compi a la celda. Ahí recogemos todo, lo metemos en su petate y con el bajamos a la pecera. Antes de despedirnos nos damos un abrazo con un, hasta la vista.