Mientras sirvo el desayuno recuerdo la sesión del curso de informática de ayer. En principio no me molaba ir, ya que aún tenía el mal cuerpo y restos de la puta gripe. Además, me jode que la puñetera suramericana me ponga entre la espada y la pared, pero sé que a mi mujer no la tengo ni va a venir a comunicar, y necesito una tía, aunque solo sea para no sentirme perdido. Y también por el sexo, ya que en ocasiones me subo por las paredes.
Bueno, el caso es que acudí al socio, bien maqueado y perfumado, a ver si no se me notaba la cara de cadáver que cargaba encima.
Nada más llegar y antes de saludar a la peña, me fui hasta el profe para ponerlo al tanto de la movida de mi hijo, motivo por el que no había acudido el jueves pasado. Nada, me dijo, que tranquilo, que ante ese motivo no me pondría falta.
Después me giré y busque a la Paula con la mirada; ahí estaba, hablando con otra pero mirándome de reojo en una pose coqueta. Entramos y comenzamos con la clase. La verdad, no me estaba enterando de mucho, entre lo atontolinado que me encontraba y la minifalda que cargaba la Paula; menuda exhibición de muslos que estaba dando la niña.
En un descuido del profe, la otra va y me agarra el paquete, tapando la escena con su cuerpo. Su expresión de desilusión al agarrar semejante lombriz, ella que esperaba tomar en su mano una anaconda, era todo un poema. Le susurré a fin de tranquilizarla y elevar mi autoestima:
-Tronqui, perdona, pero llevo tres días con gripazo y estoy chungo.
Pareció entenderlo porque me sonrió y me la sobo con dulzura. Sin embargo, nos incorporamos de inmediato a la clase cuando el profe regresó a la pizarra.
Pero en el descanso del café y detrás de una columna, nos dimos el lote de mala manera, y ahí si dio el do de pecho mi aparato cuando introduje tres de mis dedos por debajo de su falda y diminuto tanga.