Anoche me casqué dos manolas pensando en el curso de informática que comienza esta tarde. Bueno, me monté la fiesta en solitario pensando en Paula, en su culo, en sus tetas, y en esos morritos que tiene la nena. Bufff, solo de revivirlo me vuelvo a excitar.
Pero no solo los nervios por el comienzo del curso me tienen en vilo, sino el morbo que carga la gente en el patio.
Resulta que hoy ha regresado un menda de permiso. Es un atracador de unos treinta, ya curtido en eso de entrar y salir del talego. Pues parece, que durante el permiso se ha ligado a una tía, que no solo ha follado con él los seis días de asueto, sino que se ha dejado fotografiar en ropa interior y en bolas, bueno, con las bragas puestas pero las mamelas al aire. Todos nos hemos reunido alrededor del pavo como lobos hambrientos mientras nos mostraba las fotos; después, algunos se han pirado directamente al tigre. Lo patético del tema es que la piba tiene setenta años; hombre, está aún de buen ver, pero aquí la edad ha pasado a un segundo plano, dadas las necesidades de carne y lujuria que existen.
A las cuatro menos cuarto me abren el chabolo. Es hora de salir al sociocultural. Del módulo salgo yo y otro menda que no conozco. Apenas comentamos nada mientras caminamos por los senderos, él fumando, yo observando los arbolillos ya convertidos en adultos; cómo pasa el tiempo.
Cuando llegamos, lafuncionaria nos pregunta el nombre y el módulo. Estoy nervioso. No me he puesto las pintas del vis, pero me he arreglado bastante; también me he repeinado y perfumado. Nos hacen subir al primer piso, a una de las aulas que han acondicionado para el curso. Frente a la puerta veo a una docena de tíos y tías, y entre ellos, Paula, que me sonríe de inmediato cuando me ve llegar. Le guiño el ojo, pero sigo; me asomo al aula. Ahí veo a Luis y a su compi de destino terminando de colocar las mesas con los ordenadores. Me saluda con un jovial, ¡hola, tío!