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DIARIO DE UN PREVENTIVO

29/2/2012

Miércoles, 29 de febrero

No he pegado ojo en toda la noche. Por un lado guardaba la esperanza de salir en breve en libertad, y eso me tenía cachondo perdido. Pero con la llegada del nuevo Gobierno y el cambio que pretenden hacer en el Código Penal, me he puesto en guardia. Y lo peor, que llamo a mi abogado para que me tranquilice, para que confirme mi próxima salida, y el tío mierda no tiene los güevos de ponerse al teléfono. Eso me ha creado una situación de angustia, que ha provocado que durante toda la madrugada diera vueltas en la cama como una peonza.

El que nunca haya estado privado de libertad, no entenderá la incertidumbre que produce estar encerrado y pensar que alguien ha tirado la llave de tu celda. Y el tirar la llave significa que te encuentres a merced de las decisiones de un señor magistrado, que por x motivos no tiene la intención de darte la libertad: quizá se levanta un día cabreado porque no ha follado con la parienta, y decide que donde dije Digo digo Diego, y que no sales por el momento. Y dado que los jueces, antes que jueces son seres humanos y sus instintos y sentimientos prevalecen por encima de su juramento profesional, -por mucho que diga el Divar ese por la tele que la justicia es justa e igual para todos, me río yo de semejante majadería-, pues siento que no tiene nada de raro que mi expediente se pierda en cualquier esquina y se olviden de mí.

Esta inquietud me ha abordado en muchas ocasiones desde que entré en este purgatorio, y en especial, desde que mi mujer se hizo amante de mi abogado. ¿Quién me dice a mí, que ambos no se han puesto de acuerdo para no pedir mi libertad bajo fianza, y que llegado el día del juicio, este cabrón no me defienda como es debido y me caigan más años de lo pensado? De esta manera ellos crean un nuevo hogar, con mi hijo incluido.

Ahora podéis entender la opresión que siento en mi tripa, la intranquilidad que asola mis pensamientos, en fin, que vivo sin vivir.