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DIARIO DE UN PREVENTIVO

28/2/2012

Martes, 28 de febrero

Me he levantado con una sensación de abandono total. Habrá sido debido a nuestra conversación sobre la ampliación de la pena del violín ese, pero me ha afectado. Siento, que sí a su Señoría no le sale de los cojones darme la libertad bajo fianza, me pueden tener aquí hasta cuatro años sin que nadie rechiste y a la espera de juicio. Eso me lo soltó ayer uno de los gallegos, y se me erizaron los pelos.

Esta mañana, aún con el mal yuyu en el cuerpo, me dirijo al teléfono a llamar al abogado.

-Buenos días, ¿se puede poner Juan? –pregunto de manera amable.

Un largo silencio se apodera de la línea.

-¿De parte de quién? –inquiere una voz con muchas dudas.

-De Javier Guerrero. Dese prisa señorita, que solo tengo cinco minutos y llamo desde la cárcel.

-Un momento, por favor.

Mientras vuelven a tomar el aparato, trato de identificar la voz que me ha respondido. No es la de la secretaria de siempre, simpática la tía donde las haya. Esta debe ser nueva.

-Mire, don Juan no está. Ha salido a un juicio y…

-¡Pero qué cojones me está contando –interrumpo fuera de mí, ya que el acojone que cargo se convierte en cabreo cuando siento que el hijo de puta me torea –si hace un momento me ha dicho que espere; se está quedando conmigo o qué hostias pasa! –termino de berrear.

-Pero… pero… cómo me habla así. Le digo que don Juan no está, y usted no tiene derecho a insultarme de esta manera, señor –sube la piba el tono, aunque con un ligero temblor de voz.

En ese momento se me va la pinza. El sentimiento de soledad, de perdición, de engaño, de todo junto, se apodera de mí y salto.

-¡Dígale a ese cabrón, hijo de la gran puta, que solo por el hecho de estar follándose a mi mujer y cobrándose en carne, no puede dejarme tirado. Que venga de una puta vez o que me saque de este hueco! –y cuelgo el aparato con una mala hostia que a poco lo parto.