Y cuando me levanto esta mañana, sigo con el dichoso asunto del juez merodeando mis pensamientos. Sí, porque desde ahora Garzón ha dejado de ser un ciudadano respetable y socialmente aceptado, para convertirse en una especie de delincuente, un apestado más, uno como nosotros. Pero existe una pequeña diferencia: él no entra ni entrará en prisión. Desde ese punto de vista sigue siendo un privilegiado.
Cuando bajamos alpatio llaman por megafonía a media docena de compis. Todos nos miramos con curiosidad, sin alcanzar a entender lo que ocurre. De repente, escuchamos voces y gritos de cabreo provenientes de la entra demódulo.
Al rato vemos aparecer a los seis con rostro cenizo y seguidos por unfuncionario. Cunda, es la palabra que retumba. Los llevan de cunda a una nuevacárcel que han abierto en otra provincia y a la que van pastoreando mendas de muchos de los centros hacinados que hay en España. Los más llenos son los primeros que sueltan carga, hasta queI.I.P.P. complete unos 1.500 mendas y atiborren la nueva prisión.
Los que se piran están jodidos, cagándose en su puta madre y todo lo que los rodea; ninguno quiere dejar suchabolo, su patio, su módulo, su puta cárcel y a sus compis de fatigas. Suben a buscar sus pertenencias cagándose en tó, después de la que montaron frente a la pecera en el momento de informarles de la cunda. Y se piran esta tarde; ahora se los llevan paraingresos.
Mientras bajan con sus bolsones, el resto caminamos expectantes. Uno de los de siempre se nos acerca y nos pone al tanto de sus vivencias.
-Joder, antes no nos llevaban ni ataos. Cuando avisaban la cunda, la peña se chinaba, se enzarzaba en una pelea con pincho para acabar ambos en enfermería, o se hacían unalechada. Y con esto se jodía laconducción por un par de semanas.
-¿Y qué es una lechada? –pregunto curioso mientras él sonríe y calla.