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DIARIO DE UN PREVENTIVO

3/4/2012

Martes, 2 de abril

Se me había olvidado comentar la agitación que causaron los partidos de fútbol de la semana pasada. Es que aquí la peña pierde el norte con el balompié, y se montan unos saraos importantes. 

El caso es que hay disparidad de criterios en cuanto a los gustos sobre los equipos. El pasado martes jugó el Madrid contra un equipo chipriota, y los tres goles blancos se celebraron a grito pelaó por las ventanucas de las celdas. Los forofos de otros equipos gritaron sus consignas antimadridistas y de inmediato se montó la trifulca verbal.

Además, muchos usaron cualquier objeto macizo -algunos mantienen una piedra escondida para picar en caso de emergencia-, para aporrear las puertas en cada ocasión que se cantaba un gol. 

El problema saltó el miércoles con el partido del Barça contra el Milán. Los blaugranas gritaron en varias ocasiones cuando su equipo estuvo a punto de marcar un gol, pero eso no ocurrió, por lo que los madridistas y los hinchas del resto de equipos comenzaron con las guasas y los gritos antibarça. 

Pero la ley de Murphy funciona. Y en el momento más álgido del partido y cuando los culés más presión ejercían en la cancha, la luz se fue en todo el módulo. El guirigay que se montó en ese momento fue descomunal.

-¡A ver ese pulpo! –gritaba uno.

-¡El hijo de puta que ha enchufado el pulpo! –berreaba el otro.

-¡Esos funcionarios, perrasssss!

Y así, de todas las ventanucas partían insultos y gritos contra el del pulpo y los funcionarios que tardaron en aparecer quince minutos. Cuando la corriente eléctrica se restableció, el berrinche cambió de latitud y volvió al intercambio de pareceres futbolísticos.

Es el pan de cada día en estas casas, y siempre que se juega un partido de trascendencia, se monta, o por hinchadas contrapuestas, o bien, porque la luz se va, aunque siempre ocurre cuando hay partido.

Mañana será otro día y el nerviosismo y la mala leche acumulada durante estas dos horas se habrán olvidado.