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DIARIO DE UN PREVENTIVO

18/5/2011

Miércoles, 18 de mayo

Esta mañana nos levantamos con una gran cacerolada que protagonizan algunas familias y amigos de los presos etarras a la puerta de la prisión. Enseguida nos lo comunican los pipas del módulo, que a su vez han recibido la información de los destinos de ingresos y de algún funcionario charlatán.

El motivo de dicho acto ruidoso, es el de reivindicar el traslado de nuestro jugador de squash a una cárcel cercana a su ciudad. El menda se llama Bartolomé Barandilla, es navarro, que no del País Vasco, y la verdad, que desde que llegué al módulo, se lo han llevado cada cuatro días al hospital. Está hecho una mierda, ha adelgazado más de veinte kilos y envejece a marchas forzadas; se parece a mi abuelo, ese que no descansa en paz porque era un cabrón.

En el patio pillo al nuevo etarra, el que se mostró dialogante el día de su llegada. Lo enganchó saliendo del economato con un café; me pide otro y salimos a patiear. Se llama Carmelo Almorzo. Este sí es vasco, de Donosti, y por lo que me cuenta, está aquí por el tema del famoso impuesto revolucionario que tantas ampollas ha levantado en la clase empresarial de esa región. Se enrolla. El tío estudia como un poseso, es culto y no pone reparos en hablar libremente de sus ideas culturales, sociales y políticas. No llegamos a un punto de encuentro en cuanto a lo político, algo más en lo social, y bastante en lo cultural. No es que yo sepa mucho de eso, de cultura, pero me mola leer de cuando en cuando un librejo y me requetemola la música, de ahí, que trabajara de relaciones públicas en varios garitos nocturnos. También me habla de su compañero enfermo. Dice que no hay manera de que lo trasladen, de ahí la cacerolada que van a organizar sus paisanos todas las semanas a partir de ahora.

Me callo, ya que no comparto sus puntos de vista a ese respecto y tampoco quiero entrar en polémica, aunque pienso que cada cual se busca lo que tiene y ha de apencar con ello. Su otro compi se acerca. Viene a aislarlo. Me piro.