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DIARIO DE UN PREVENTIVO

14/7/2011

Jueves, 14 de julio

Después del desayuno, salgo a patiear con el Panamá. Cuando nos queremos dar cuenta, ya se nos han unido cuatro más, y en lugar de grupo de compis, parecemos caballos de una carrera de cuadrigas, a lo Ben-Hur. Es la manera que tenemos de hacerlo: al caminar marcando una circunferencia alrededor del patio, patieamos en abanico, uno al lado del otro, por lo que si se juntan seis o siete, el grupo simula una pared en movimiento. 

La otra manera de andar es de pared a pared, en sentido longitulineal o como coño se diga, es decir, en línea recta, sin girar como bueyes de noria. Pero lo que sí es común a todos, es que andamos con la cabeza gacha y las manos en los bolsillos, algunos fumando un truja, otros mascando chicle, y el resto, garlando. Además, tenemos que aprovechar las primeras horas de la mañana para darnos el garbeo de patio, ya que a partir de la doce no hay Dios que pise el hormigón. Algunos que toman el sol en pantaloneta y chancletas, sacan bidones de agua de las duchas y se los echan encima; suelen ser los que tienen próximo un vis a vis y quieren lucir moreno Miami para su parienta. Como ya comenté, las pavas son más prácticas para esas cosas: se ponen el bikini o el top less y listo.

En una de las curvas veo al Carmelo Almorzo, ese etarra con el que conversé a los pocos días de llegar, sentado solo en el comedor y estudiando. Me abro del grupo caminante y me dirijo a él, aprovechando su soledad, para preguntarle algo sobre los estudios de la UNED, esos que comenzaré en septiembre.

El tío, amable, responde a todas mis dudas. Aunque la cosa no dura. El otro etarra, ese que juega al squash y es compañero de Bartolome, el vasco enfermo, se sienta en la mesa. Su silencio y observación me incomodan. A tomar por culo, pienso. Doy las gracias al primero y me piro por donde he venido. Joder, que celos o lo que hostias sea eso que se montan entre ellos.

Hoy sí escribo la carta a la Mejía; a ver cuándo y qué contesta, ufff.