El tema de hoy va de lo incongruente del funcionamiento de las Ruedas de Reconocimiento, esas que aparecen en la películas y series hollywodienses con el malo intercalado entre otros que aparentan ser peores y que en ocasiones nada tienen que ver con el mundo carcelario.
Pues así funcionan esa suerte de ruedas, donde la víctima, detrás de un cristal tintado, ha de reconocer entre media docena de “zarapastrosos” al criminal que le agredió.
Y aunque este reconocimiento no es totalmente vinculante para inculpar al señalado, si da soporte al resto de pruebas en un sumario.
Lo que el respetable no sabe, es que el resto de maniquís colocados en ese circo, o son voluntarios propuestos por el inculpado (familia, amigos, conocidos, etc.) o son presos sacados a dedo del Centro Penitenciario a petición del Juzgado que incoa el sumario correspondiente.
Y ojo del que se niegue a ser conducido a la Sede Judicial, ya que puede ser penalizado como no colaborador con la Justicia con las consecuencias que ello pueda conllevar.
Es decir, el funcionario te ordena salir del módulo sin explicarte a dónde, ni para qué, ni porqué, tan solo que sales en conducción, dejando lo que tengas que hacer (cursos, estudios, comida, etc.) sin derecho a protestar ni estar o no de acuerdo.
Pero como los escogidos son p… presos, qué más da aprovecharlos como títeres de esa escenificación llamada Rueda de Reconocimiento.