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LOS FLORIDA 114

21/12/2010

Y así ocurrió. Solo alcanzaron a progresar unos pasos, cuando una balacera del hijueputa se registró desde dentro del lugar; el enemigo no había sido aniquilado ni mucho menos. De nuevo se tuvieron que parapetar tras las portezuelas mientras el jefe del comando daba las órdenes con la mano en alto indicando la apertura de varios frentes. 

Esto ocurría en los aledaños de la casa y la vaina, aparentemente, pintaba mal para los secuestradores. 


Desde que comenzara el ataque rapaz, el Gonorrea dirigía con cautela y desde dentro de la casa la defensa del bastión. Había tomado el salón como centro de mando y desde ahí impartía órdenes incuestionables; todos los de su equipo sabían como se las gastaba el boss, en especial, después de lo ocurrido a Jairo Alfonso y a Edgar unas horas antes. 

-Me cubren todas la ventanas y puertas, y ustedes dos –dijo indicando con un movimiento de labios a dos indios armados que correteaban por la casa sin un destino claro, -ustedes se me salen para fuera a repeler a los primeros malparidos que se acerquen. ¿Me oyeron, parceros?

Ambos, con expresión de cagarse por las patas, asintieron. Elegían de lejos salir a batallar con los que llegaran a dar una respuesta negativa al jefe. Abrieron la puerta y se apostaron con sus dos AK 47 frente al inmueble.

-Ah, y ustedes, me vigilan a las hembras como si fueren sus hijas, ya que sino… -pero no alcanzó a terminar la frase dirigida a otros miembros de los secuestradores, cuando los primeros disparos provenientes del exterior anunciaban el ataque que esperaban.