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LOS FLORIDA 131

24/1/2011

-Gracias, padre, por ocuparse de mis pelaos y de todo. Es verdad, estoy jodido, pero un Vallejo puede estar jodido pero no se hunde. Tenemos que arreglar esta vaina de ya -respondió compungido, pero firme Simón.

-¿Y en que ha pensado, mijo? –preguntó el viejo, conocedor de la respuesta que recibiría.

Todos callaban. Habían comenzado a escanciarse aguardiente en las vasicos preparados a tal efecto. Una criada de rostro cenizo y andares vetustos, acercó unas bandejas con alimentos para estómagos estragados por la tensión de la tarde.

Al poco Simón tomó la palabra.

-Padre, voy a joder al Tuerto y a todos los que lo rodean. He ordenado a Róbinson que me lleve a toda esa indiada que hemos capturado a la finca, y ahí…, ya sabe que hacer. Después me encargaré del propio Róbinson; la cagó y por ello murió Pati.

Ninguno de los ahí presentes movió la mandíbula para contradecir sus palabras, no así para masticar las carnes recién asadas. John Waschington intervino por vez primera en todo el día.

-Brother, ¿usted sabe el operativo que tenemos que montar para quebrar al hijueputa del Tuerto? Ese nos está esperando. Además, si usted se baja al Róbinson, ¿quién dirigirá el toda la vaina?

De nuevo el silencio se apoderó de la mesa. Solo el ruido machacón del mordisqueo de las carnes bravas y el sorbo del aguardiente rasposo dejaba entrever vida en el lugar.