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LOS FLORIDA 134

27/1/2011

Una vez ejecutadas las órdenes, Simón se acercó a Róbinson con el fierro aún humeante.

-Usted sabe que la cagada que hizo se paga con una bala bien alojada. La señora Patricia está muerta por el disparo de uno de sus manes, aunque matara al Gonorrea. Por eso y porque usted fue primero hombre de mi padre, y eso, para mis hermanos y para mí es sagrado, no lo mando quebrar

-Gracias, Patrón, pero si no lo quebrábamos se volaban con las seños y…

El Mono levantó la mano en señal de silencio. Se acercó más a él.

-Abra la boca –le ordenó al tiempo que le descerracajaba un tiro en la oreja izquierda, volándole el órgano al completo.

-Es lo mínimo después de la muerte de mi esposa. Y dele gracias a nuestro Dios que mi padre intercediera por usted. Vamos hermanos – y sin mirar más en dirección a su lugarteniente que apretaba ambas manos contra el lado izquierdo de su cabeza con expresión descompuesta, eso sí, sin soltar un quejido, se encaminó a la ranchera.


 Robustiano y Paz mantuvieron una larga conversación nocturna sobre su futuro. Decidieron, ya de amanecida, que permanecerían un mes más en Bogota, el tiempo necesario para que Robus se adentrase en el mundo de la perica desde su base, y así cerrar el círculo del conocimiento de su negocio. Después de eso regresarían a España, casi pasado un año posterior a su escapada.