-Que estén alistados. Esta vaina la arreglo a la machimberra. Baje conmigo y que tengan encañonados a la hembra y a los pelaos.
Y con estas palabras, el Mono y Róbinson se apearon del vehículo. De inmediato seis guachimanes de otros tantos todoterrenos abrieron sus portezuelas y se proyectaron al asfalto. Todos detuvieron sus andares frente a los tres carros. Entonces se abrieron varias portezuelas y el Tuerto junto a cuatro manes se apearon de los vehículos. El primero dio unos pasos hasta encontrarse frente al Mono. Su aspecto daba a entender a las claras que se encontraba caleto, que apenas hallaba un lugar de descanso y aseo, y que las escasas horas de sueño marcaban una impronta en su rostro.
-Acá me tiene. Ahora suelte a mi familia –exclamó con el esfuerzo del que se encuentra en desventaja.
-Un momentico, no se me apresure. En primer lugar de la orden a sus cinco manes que andan revoloteando por los alrededores que se entreguen o los quebramos de ya a todos–ordenó el Mono.