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LOS FLORIDA 148

16/2/2011

Del walkie talkie de Róbinson se expandió una voz, después otra.

-¿Jefe?, ¿jefe?

-¡Alo! –fue su respuesta, corta y contundente.

-Jefe, hay movimiento de manes enfierrados en las cercanías de la cafetería. Dos a menos diez y tres a y cuarto. ¿Qué hacemos?, ¿abrimos fuego?

-No, esperen, sin quitarles el ojo.

Róbinson miró al Mono

-¿Patrón?

-Que estén alistados. Esta vaina la arreglo a la machimberra. Baje conmigo y que tengan encañonados a la hembra y a los pelaos.

Y con estas palabras, el Mono y Róbinson se apearon del vehículo. De inmediato seis guachimanes de otros tantos todoterrenos abrieron sus portezuelas y se proyectaron al asfalto. Todos detuvieron sus andares frente a los tres carros. Entonces se abrieron varias portezuelas y el Tuerto junto a cuatro manes se apearon de los vehículos. El primero dio unos pasos hasta encontrarse frente al Mono. Su aspecto daba a entender a las claras que se encontraba caleto, que apenas hallaba un lugar de descanso y aseo, y que las escasas horas de sueño marcaban una impronta en su rostro.

-Acá me tiene. Ahora suelte a mi familia –exclamó con el esfuerzo del que se encuentra en desventaja.

-Un momentico, no se me apresure. En primer lugar de la orden a sus cinco manes que andan revoloteando por los alrededores que se entreguen o los quebramos de ya a todos–ordenó el Mono.