Contacta con Infoprisión: infoprision@gmail.com

blog

LOS FLORIDA 153

23/2/2011

-Los pelaítos son demasiado jóvenes para quebrarlos como a sus papás. Además, yo tengo hijos y no soy tan miserable de matar a unos niños. A sus pelaos los vamos a enviar al altiplano de Bolivia, donde recolectan la coca a nuestro proveedor de allá, a una pequeña aldea cocalera, perdida de la civilización, para que ayuden en las tareas de agricultura. Trabajaran con una familia india, de sol a sol y con ello pagaran su sustento, su comida y su suelo para dormir. Olvidarán quienes fueron los hijueputas de sus padres, no volverán a leer ni a escribir, y terminarán sus días como campesinitos ignorantes; ese será su castigo. Y a usted…, espere a ver lo que hacemos con usted, espere –y con eso, el Mono dejó la duda en el aire, mientras unas lágrimas se escurrían por la mejillas del Tuerto.

Lo desataron, sin quitarle la mordaza; no era de recibo que sus hijos, en la distancia, lo oyeran berrear, e iba a berrear todo y un poco más, visto lo que le tenía preparado el Mono. Lo arrastraron, a pesar de su oposición, hacia la mesa gruesa de ceiba que frente a las sillas de los espectadores se encontraba, ahora ocupadas tan solo por un único asistente: Simón, el Mono Vallejo.

Lo empelotaron y lo tumbaron boca arriba sobre ella, atando sus miembros a unas argollas ancladas en su parte inferior, junto a las patas. Rugía aún antes de producirse cualquier tipo de acción, aunque el sonido apagado apenas se escurría de su boca esparadrapada.