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LOS FLORIDA 158

2/3/2011

-Mi Pati ya descansa en paz, y ahora, sus hijos y yo, nos encontramos bacanos; ella está allá arriba, tranquila; la hemos vengado. ¡De un Vallejo no se ríe ni el putas! –terminó de exclamar satisfecho Simón.

-Me alegro por ti, Mono, porque ni Patricia ni tú os merecíais esto. Yo, por suerte, tengo a Paz sana y salva, aunque aún tocada con toda la mierda que tuvo que pasar. Pero la tía es dura y aguantará –comentó compungido Robus, avergonzado de su fortuna frente a la tragedia que se había cernido sobre la familia del Mono.

-Mira, Mono, nosotros no queremos daros más el coñazo. Nos habéis ocultado bastante tiempo, he aprendido lo que necesitaba, y creo que es el momento de pirarnos. He contactado con mi gente en España y parece que las cosas están más tranquis. Volveré sin que nadie se pispe, con pasaportes chungos, y nos iremos a vivir a una casa en la sierra madrileña, eso, pá controlar y que nadie nos controle, que no sepan que estamos –explicó de manera amigable el español.

El Mono se lo quedó mirando con curiosidad. Por un lado, le apenaba que el matrimonio de chapetones y su hijo se fueran, ya que les hacían compañía a él y a sus pelaos, en especial, ahora que Patricia ya no estaba. Pero por el otro, no era cómodo para él tener a un fugitivo de la justicia; con bastantes problemas cargaba ya, como para tener cuadrada a la policía y al ejército, siempre jodiendo y chantajeando. Además, el mercado español ya no es lo que era desde que el Robus no importaba su mercancía; el otro par de clientes en España no contaban con la estructura y rapidez de movimiento de la merca como la que tenía con anterioridad el Robus.