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LOS FLORIDA ( 27 )

23/3/2009

LOS FLORIDA ( 27 )

Abrió el cerrojo de entrada, subió las persianas de seguridad y traspasaron el umbral. Volvió a cerrar todo para no alertar a algún curioso. Ya en la sala, ella dirigió los pasos, en penumbras, hacia una de las maquinas. Guiaba de la mano al joven que, desorientado, la seguía como un ovejo. Encendió una suave luz de un extremo del lugar. Una vez se encontraron junto a la máquina, ella lo tomó con ambas manos, dirigió una ardiente mirada a sus ojos y le dijo: desnúdame, ámame, fóllame. La cara de perplejidad de él, su boca abierta de par en par y sus ojos como platos provocaron la hilaridad en ella, una hilaridad que irradiaba ternura y comprensión.

-Yo te ayudo, no te agobies- le dijo mientras, soltándole las manos, comenzó a quitarse poco a poco sus prendas.
 
Robustiano deslizaba la vista de un trapo al otro hasta que, sorpresivamente, su rostro volvió a demudarse. Debajo de la ropa, Lorena mostraba su piel bronceada, sus pechos desbordantes, su matojo de selvático vello púbico, sin las molestias de la ropa interior, como toda una amazona guerrera. Él se sentía como un adolescente desorientado, acobardado, sin decisión y, ni todo el dinero del mundo ni el poder que ejercía entre los suyos, le servían en este momento de nada.

Ella tomó la mano de él y la pasó por su pecho, sintiendo cómo se erizaban sus pezones que, enhiestos, se reían a su cara. Cuando ella percibió que él ya reaccionaba y comenzó a magrearla, fue deshaciéndose de su ropa hasta dejarlo en calcetos y zapatos. Una risa estruendosa paralizó a Robustiano cuando ascendía al mundo de los sueños, empotrándolo de nuevo en la dura realidad.