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LOS FLORIDA ( 28 )

24/3/2009

LOS FLORIDA ( 28 )

Ella no pudo reprimir una carcajada al verlo en calcetos y zapatos embutidos en esos palillos de duende saltarín. Sin embargo, a medida que ascendía su mirar, fue incrementándose de igual manera su lujuria. A Robus la risa de Lorena lo retrajo, mientras su aparato, ya dispuesto a acometer esa aventura indescriptible, se replegó sobre sí mismo en un sinfín de pliegues deformes. Lorena tuvo que utilizar todas sus argucias de fémina para, después de desprenderlo de calcetines y zapatos, reactivar la libido perdida.

Fue entonces, cuando ambos se fusionaron en un abrazo hercúleo, donde solo se vislumbraba tensión de fibras en movimiento. Robustiano perdió el temor de una barrera que durante los últimos tiempos había sido infranqueable, para perderse en un quehacer de deseo que apenas podía contener. Ella, a su vez, se tumbó bocarriba, alzó sus sólidas piernas al aire anudando cada pie a cada una de las anillas que colgaban del resorte superior del aparato, mientras tomaba con sus manos una barra que pendía del extremo de la percha metálica, quedando su cuerpo en vilo, sus piernas abiertas y su abertura rezumando fluidos. Él no creía lo que veía. Ni en la más decadente de sus orgías se había elevado a goces tan sublimes. Tampoco había imaginado tamaña postura y modalidad en el arte de las relaciones sexuales. Tal como oscilaba el cuerpo de ella frente a él, tomó las férreas nalgas con ambas manos, mientras su animalón penetraba por el espeso matorral los interiores de su amada. Un estertor demencial surgió desde el cuerpo en vilo, al tiempo que los brazos que lo sostenían comenzaron a temblar, expandiendo la convulsión al resto del cuerpo.