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MACUMBA 5

18/8/2010

Ella no guardó luto, algo el dolor, lo justo antes de reencontrarse con su antiguo amor de tapado. A los hijos los puso al corriente de la desaparición para siempre de su padre arrastrado por una extraña depresión. Sufrieron lo que la edad les permitió sufrir. Pero la pena se disipó al ver a su mamá restablecida en tan corto periodo de tiempo y recibir las continuas visitas del nuevo tío -y papá de sus amigos- a reconfortar a la familia.

Ella volvió con él y ellos -él, su mujer e hijos- y siguieron manteniendo la amistad de antes como si nada; nada sabían, nada imaginaban: el marido de la otra se había suicidado por tensiones del trabajo, versión que aceptaron con tristeza, poco más.

Pasaron los meses y el amor en ella crecía al tiempo que se estabilizaba y perdía fuelle en él, ya sin contrincante y con dos mujeres para el apaño: la de casa, para el sustento, el hogar, los hijos y las apariencias; la otra, para los revolcones y escapadas piratas. Pero ella no deseaba jugar al juego de la segundona. Además, él sería un futuro heredero millonario –ya se metería a sus próximos suegros en el bolsillo y restablecería su derecho a heredar- y ella, desde que era una viuda alegre, percibía con retraso los dividendos de la sociedad del difunto.

Urdió un plan invisible de conquista marrullera. Conocía de unos años atrás a una brasileña de renombradas dotes ocultistas y que mantenía comunicación fluida con espíritus de este y otros mundos.