Submitted by jorge on Fri, 30/06/2017 - 06:05
En los últimos años han caído decenas de cabezas de sacerdotes católicos, todos dependientes de la Santa Sede, por delitos relacionados con la pederastia, pedofilia y violación.
Pero ninguno tan cercano al Papa como el cardenal australiano George Pell, el número 3 del Vaticano y su Ministro del Tesoro, es decir, una de las personas más influyentes del Mundo Católico.
Pues hete aquí, que mientras este santo varón se encuentra en el Vaticano, la Policía Australiana lo acusa de múltiples delitos sexuales en su etapa sacerdotal en la cuidad australiana de Ballat entre 1976 y 1980 y durante su arzobispado en Melbourne de 1996 al 2001.
No se trata de un desliz sexual de una noche de verano, ni mucho menos, más bien de un enfermo sexual reincidente que por su cargo y relaciones hasta ahora ha sido intocable.
Pero lo que más nos llama la atención es que a la solicitud de comparecer ante un Tribunal, la Archidiócesis de Sydney responde, como si de un pequeño detalle administrativo se tratara, que “el cardenal Pell regresará a Australia tan pronto como sea posible, para limpiar su nombre siguiendo el consejo y la aprobación de sus médicos, que también asesorarán sobre sus arreglos de viaje".
Esto le ocurre a cualquier ciudadano de pie, y la orden de búsqueda y captura internacional que se envía a la Interpol es de aquí te espero.
Pero este pobre cardenal, tiene que consultar primero con sus médicos para ver cuando puede regresar a prestar declaración, estando imputado.
¡Qué doble rasero y qué desvergüenza!
La Iglesia Católica no levanta cabeza.